Esta tarde, tras un largo día, escribía las siguientes líneas que no puedo dejar de plasmar en este rincón...
"Igual a muchos de los que se pasan por aquí a menudo lo que hoy voy a contar no les dice nada, pero ahora, sentado en una terracita en la esquina de Rijnstraat con President Kennedylaan, en pleno barrio residencial de Amsterdam, siento que debo hacerlo.
En poco más de dos días he vuelto a ver una ciudad llena de bicicletas en movimiento, con miles de ellas en gigantescos parkings o sencillamente oxidandose varadas en un poste porque alguien, en algún momento, no las quiso dejar libres. He vuelto a ir entre los coches con una bici, a buscar su carril al lado de la acera en cada calle y a pararme y señalizar mi ruta en sus respectivos semáforos y cruces. He vuelto a experimentar esa sensación que se había quedado olvidada en una pequeña ciudad al sur de Suecia.
Y todo ello entre puentes, canales y casitas de esas que no tenemos por España. Llevo dos días y aún me quedan otros dos por delante, pero en cada instante me imagino la vida aquí, con la compañía adecuada, y deseo permanecer aquí para siempre. Creo que puedo decir que en lugares como éste, soy un poco más feliz. Lástima que en casa, aunque se intente, nunca, no lleguemos a igualar esta sensación..."



