- Un caballero es una espada con un caballo. Lo demás, los juramentos, los ungüentos sagrados y las prendas de las damas, no son más que cintas de seda en torno a la espada. Puede que la espada quede más bonita con los colgajos, pero mata exactamente igual. Soy igual que vosotros.
- ¿Cuál es la diferencia, entonces?
- La única diferencia es que yo no miento acerca de lo que soy.
Porque al final, de una forma o de otra, todos acabamos haciendo más o menos lo mismo, lo que marca la diferencia es precisamente el cómo. Y ya hablemos de jugar al fútbol o de ser caballero, en el cómo, está la excelencia. Supongo que el primer paso para empezar a marcar la diferencia y cambiar ese cómo, es reconocernos limitados...



